
Una de las cosas buenas de ser la dueña de tu tiempo es que de vez en cuando, muy de vez en cuando, te puedes escapar a media mañana a ver algo que te interesa. Ayer, a las 12:00 el artista alemán Johan Lorbeer hizo una de sus perfomances en el CAC Málaga (Centro de Arte Contemporáneo) y allí que me planté para verlo.
Lorbeer no hace magia, hace arte. De hecho, no esconde su truco y se subió hasta su pequeña plataforma aérea delante de todo el público (yo esa parte me la perdí porque llegué tarde). Desde su situación privilegiada observaba su alrededor mientras charlaba y bromeaba con todos los que estábamos allí con la boca abierta.
Lorbeer es un tipo corriente que se gana la vida dando clases en la Universidad de Bellas Artes, lo único que le diferencia del resto de los mortales es que es capaz de desafiar las leyes de la gravedad y levitar a más tres metros del suelo.
Ayer fueron muchos los que se tumbaron en el suelo para ver, desde esa perspectiva, la sonrisa de Lorbeer.




Ayer Lorbeer suplantó la personalidad de un barrendero pero tiene otros personajes que ha paseado por otras paredes en otras partes partes del mundo.




Espero que los próximos dos días no imiten a Lorbeer y les de por pasar volando.
Un beso y buen (y lento) fin de semana.