miércoles, 6 de febrero de 2008

Paraguas para dos

La prima de Pili hacía unas onomatopeyas terribles: para indicar que estaba pensando, se llevaba el dedo índice a la sien y dándole vueltas hacía este ruido con la boca: riqui riqui riqui; Para imitar el sonido de la lluvia golpeando los cristales, abría y cerraba las manos al tiempo que decía glo gló glo gló.

Pero no era lo único que la prima de Pili hacía mal: fumaba demasiado, comía entre horas, siempre perdía el autobús, escogía a los novios equivocados, los que menos le querían y, por supuesto, nunca, nunca llevaba paraguas cuando llovía.

Una tarde, volvía a casa del trabajo bajo una intensa lluvia, refugiándose en los soportales que iba encontrando a su paso y esquivando los charcos de la acera con grandes zancadas. La lluvía había empezado con unas gotas intermitentes hacía un par de horas pero, en ese momento, caía tan espesa que apenas distinguía los rostros de las personas con las que se cruzaba.
Entonces le vio a él.

Era un hombre de su misma edad aproximadamente. Estaba delante de una verja de hierro, muy quieto, mirando a ninguna parte. Se cobijaba de la lluvia con un paraguas inmenso. Cuando la prima de Pili se acercó, vio que el paraguas era para dos personas. Cogió el mango que quedaba libre y dejó que su mirada se perdiera hacia ningún lado.

- ¿Qué haces aquí?, le preguntó ella al cabo de unos minutos en silencio
- Estoy esperando a alguien
- ¿A quién?
- No lo sé. Escuché el glo gló de la lluvia y sentí la necesidad de salir y esperar.

La prima de Pili supo que era a ella a quien esperaba. También supo que, por primera vez en mucho tiempo, hacía lo correcto.

Y dejó de llover.

Unbrella Tandem es un proyecto de Marc Owens & Jasmine Raznaham que encontré en gerrilla innovation. Pensé que sería bonito escribir algo sobre esta imagen. Si a tí te inspira otra historia, me encantaría escucharla.

7 comentarios:

Roxana dijo...

¡Hola! Me encanta tu blog y, sobre todo, el microrrelato que acompaña al paraguas. Muy bueno. Te sigo.
Un saludo.

el angel caido dijo...

Hola Cristina. Soy Inma, del curso. No he buceado mucho en el blogs xq me fuí directamente al paraguas. Me ha gustado y creo que es muy buena idea eso de escribir lo que te inspire algo, en este caso una foto. Lo intento cuando tenga un poco de tiempecito. por cierto hoy saludé a tu chico: lo que no sé es si él me reconoció. Bueno voy a investigar en tu blog....y muchos besos.

Augusto López dijo...

Hola, Cristina, saludos Inma:
Me ha gustado mucho la historia, da para un cortometraje. Sigue escribiendo, que lo haces muy bien. Yo te seguiré leyendo y pidiéndote cositas para la revista.

Muchos besos, Miss Rosenthal Marroni.

Carlos dijo...

Hola Cristine

yo no prometeré nada como seguirte, quícir, algún día u otro, además prefiero tus mensajes dirigidos a mi trabajo, así me llega tu buena prosa en armoniosa y personalizada cadencia.

Quisiera tener un blog propio como el tuyo. Tiempo también. Y sustituir al de la foto, cabrón.

Va besón.
Carlose

Lady Lay dijo...

Me ha encantado el microrelato!!! Te debo un e-mail. En cuanto tenga tiempo de calidad te respondo!!! Sigue escribiendo estas cosillas. No lo dejes! Yo tb te sigo.

Miss Rosenthal dijo...

Gracias chicos, me alegro de que os haya gustado el cuentecito.
Animaos y contadme el vuestro!
Besos

Agustín dijo...

Piedra, papel o tijera

Esta historia, como tantas otras, empezó una mañana nublada. Julia se levantó, se vistió, y salió de su casa dispuesta a coger el autobús. Más o menos a esa hora Ricardo se montó en su coche. Siempre aparcaba en el centro, en un polvoriento solar controlado por un tipo sonriente.
De pronto rompió a llover. Julia había echado en el bolso un pequeño paraguas. En cambio, Ricardo no; incluso no recordaba que tuviese uno en casa. Pero la tormenta era tan fuerte que decidió comprarse el primero que encontrara. Con la intensa lluvia las caras de los transeúntes no se distinguían. Julia y Ricardo tropezaron entre sí. Se intercambiaron miradas y disculpas y reanudaron sus caminos, pero, al intentarlo, tuvieron la sensación de tirar del otro. Les fue imposible proseguir con libertad pues sus paraguas se habían unido, y el tejido de éstos formaba ahora una única tela que cubría a ambos. En vano manipuló Ricardo los dos bastones metálicos. “Qué hacemos”, preguntó él.
Pensaron en una solución durante varios minutos. Dado tal contratiempo, uno de los dos podía ceder su parte o acompañar al otro a su destino. “Piedra, papel o tijera”, sugirió finalmente Julia. Ricardo aceptó el juego, pero perdió. “Espera”, dijo ella, “piedra, papel o tijera”.