miércoles, 21 de mayo de 2008

SuperMega


- Pregúntame la hora.
- ¿Por qué? ¿Quieres enseñarme tu cartier nuevo?
- No, tú pregúntame la hora
- Está bien. ¿Qué hora es?
- Las siete y un minuto. No, espera. Y dos minutos
- Sí tía, ¿cómo lo has sabido?
- No sé simplemente lo sé. Me pasa desde hace unos días, creo que estoy desarrollando superpoderes o algo así.
- Qué mega fuerte, tía.
- Sí. Mega.

Y realmente lo era. El sábado anterior Eva (Evaroski para sus amigos) había estado un par de horas en el spa y, al salir, se miró los dedos arrugados por el agua y tuvo un presentimento. Eran las cinco menos cuarto. Levantó la vista y comprobó en el reloj de pared del vestuario que eran exactamente la 4.45. Hora de vestirse y salir corriendo a casa de Tito y Lola para tomar el té. Una vez allí le volvió a ocurrir y también por la noche, en la terraza a la que habían ido a tomar unos cosmopolitans, y al día siguiente, mientras jugaba al paddel y el martes mientras recaudaba fondos para una ONG de niños pobres o perros abandonados.

Al cuarto día empezó a pensar que, seguramente, el spa había activado una serie de superpoderes innatos que tenía dormidos. Quizás la combinación de sales y burbujas los había hecho despertar del letargo. Al principio se asustó, pero luego vió que era bastante guay eso de tener un don especial. Eso sí, tenía que reconocer que los superpoderes que le habían tocado eran bastante cutres. Si al menos pudiera predecir la lluvia, iría por el mundo entero alertando a la gente antes de una tormenta, para que pusieran la capota de sus descapotables y salvaría sus peinados. Pero con esos poderes tan mega de lo peor, no se le ocurría como podía salvar al mundo de nada.

Evaroski no estaba dispuesta a rendirse. De la misma forma que el spa había hecho que despertaran sus superpoderes, encontraría la forma de que aparecieran otros. Seguramente tenía muchos más que no se habían manifestado todavía porque hasta ahora no estaba preparada.

Se miró en el espejo retrovisor de su mini coupé, y tuvo que reconocer que no tenía pinta de superheroína para nada. De supermodelo sí, pero de superheroína cero. Decidió que su primer paso, para serlo, sería parecerlo. En el intento casi pierde el dedo pequeño del pie de tanto andar de tienda en tienda calzada en unos Manolos un número más pequeño pero no paró hasta dar con el outfit perfecto.

No encontró nada que se pareciera a una capa ni uno de esos antifaces que llevan todos los superhéroes de buena familia pero, a cambio, se compró un mono ajustado de Roberto Cavalli con estampaciones de leopardo completamente divino y un cinturón color plata de Stella McCartney -que le marcaba su magnífica figura conseguida a base de gimnasio y sendas liposucciones en gluteos y caderas-. Completó el modelo con unas fantásticas sandalias peep toe de Louboutin (una talla menos, of course).

En cuanto llegó a casa le pidió a Tomasa, una de las señoras de servicio, que no le molestaran. Entro en su habitación y dejó las bolsas en la silla Vitra de la entrada. Se probó su recién adquirido conjunto de superheroína que completó con unas sábanas de seda atada al cuello a modo de capa y unas gafas Ray-Ban modelo Wayfarer haciendo las veces de antifaz.

Esperó y esperó. Pero no paso nada.

Estaba decepcionada, durante unos momentos había pensado que podría hacer algo grande, que la gente le recordaría por algo más que pasearse por el club con los modelitos más exclusivos. Pero no, a cambio, estaba vestida de mamarracha con una sábana en el cuello y unas gafas con las que no veía tres en un mercedes.

Tenía ganas de llorar pero no como le había enseñado mami: sin lágrimas, moviendo ligeramente los hombros y llevándose el pañuelo bordado con su inicial al vacío lagrimal. Tenía ganas de llorar de verdad, con ruido, hipos y mocos. Y así lo hizo y fue un llanto liberador. Lloró durante horas, por todos esos años de llorar sin ruido, de té en casa de Tito y Lola, de spas y cosmopolitans. Lloró por su cuerpo mutilado y por lo que se había convertido y, lo hizo con tanta intensidad, que se le acabaron los pañuelos bordados y tuvo que limpiarse la nariz con las sábanas de seda.

Y así estaba cuando entró mami para decirle que estaba la cena servida en el comedor principal.

- Déjalo mama, me largo. Dijo ella arrastrando la sábana llena de mocos que aún le colgaba del cuello.
- ¿Cómo que te largas? ¿Qué modales son esos jovencita? ¿Pero tú sabes qué hora es?
Eva dudó un momento. No, no lo sabía, los poderes habían desaparecido.
-¿Que si sabes qué hora es hija? Insistió su madre con los ojos fuera de las órbitas.
-Ni puta idea, pero espero que no sea demasiado tarde.


Me aburren los superheroes que vuelan o lanzan telas de araña por la muñeca. Eso lo hace cualquiera. Prefiero los que tienen poderes ridículos, como los protagonistas de Mystery Men donde conviven seres maravillosos como Invisible Boy, que sólo puede usar sus poderes de invisibilidad cuándo nadie le mira o Mr. Furious, incapaz de dañar a nadie salvo a él mismo.
Así que ayer, al ver la serie de fotografías The Superheroes del magnífico Jan Von Holleben me decidí a darle vida a Evaroski, la superheroína pija que llevaba tiempo en mi cabeza. Espero que, ahora que ha salido de ella y anda por el mundo con su capa llena de mocos, le vaya mejor que antes. Si la veis por ahí, decidle que estoy orgullosa de ella.

10 comentarios:

BoraBora dijo...

felicidades por el cuento!
me ha gustado mucho!

elena dijo...

claro que sí, se lo diré si me cruzo con ella!!
ehhh... que adivinar la hora no es ninguna tontería de poder, sobre todo en verano cuando estás en la playa horas y no quieres sacar el reloj para que no se manche de arena!!

felicidades por le cuento

Berreca dijo...

Muy bueno! felicidades!
Voy a poner al día a mi novio con estos superheroes que has comentado! estos sí que me entran ganas de leerlos!!!
Gracias por escribirme en el blog guapa!!!

Gretelein dijo...

Que buen relato!!!!!Y realmente estoy contigo con eso de los super heroes!!!!!

Espita Gorgorita dijo...

Me ha gustado mucho el relato, y el nombre de la heroina también

Los mistery men son totales, no me habré reido ni nada con ellos

La Ballena Elena dijo...

Muero de curiosidad por saber como se llama Eva de apellido.

lady desidia dijo...

chica, qué fantástica heroína! con uno de los poderes más ridículos que se puede uno imaginar ( y mira que he imaginado...) me ha encantado,
cést magnifique!!

Alison dijo...

Este relato es megabueno Rosenthal. Por favor, regalanos muchos más. Pienso que perdió el poder de adivinar la hora pero ganó el de la producción de mocos ¿una sábana llena de mocos? ¡eso es brutal!. Je, je.
Mil besos.

ModaQueMola dijo...

enhorabuena por el cuento. escribes muy bien!

chati dijo...

El relato es genial, me encantan los super heroes, estoy enganchada ahora a las serie Heroes, la has visto??