
No me gustan las cosas caras. Creo que no podría tener un bolso o un anillo que costara una millonada porque me sentiría obligada a llevarlos siempre. Aunque hago excepciones, en general prefiero 7 camisetas de 10€ que 1 de 70€.
El valor de los objetos no es lo que ha costado sino la persona que te lo ha regalado, los recuerdos a los que lo asocias…Por eso, de cada viaje, me vengo cargada de un montón de cosas que no tienen gran valor económico pero son muy especiales por otros motivos. Estos han sido los hallazgos de esta Semana Santa.
Chaleco verde. Lo compramos en un mercadillo de Limoux (Francia), un pueblo en el que no hay absolutamente nada que hacer excepto comer unas kitsch exquisitos en la boulangerie de la plaza. El chaleco es gigante pero la tela es muy bonita y la podemos utilizar para hacer algo.
Camisetas de colores de Topman (Barcelona) para Mister Rossental. La idea es customizarlas de alguna forma.
Bolas de chicles. Como las de toda la vida, el sabor dura sólo unos segundos pero hace unas pompas geniales.
Anillos campestres de Keboniko (Barcelona). Nos acercamos para ver los broches de Lady Desidia en directo (¡son preciosos!, ¡todavía más bonitos de lo que se ve en su blog!) y allí estaban estos anillos, gritándome desde el escaparate: llévame contigo, llévame contigo…No pude resistirme. Mostaza de la Ballena Elena. Sin duda, el mejor tesoro de estos días. ¡Qué ilusión ponerle cara a su risa! Era como si nos conociéramos de toda la vida (suena tópico pero fue así). Es un cielo, tan cariñosa y con tanta energía que te arrastra con su fuerza hasta el infinito y más allá. Por cierto, también conocimos a Unai, su caballero andante. Un encanto con MAYÚSCULAS. Se ve que la quiere tanto, tanto.
Y hasta aquí mi recopilación de tesoros de Semana Santa. Ahora toca vuelta a la realidad