Es curioso la de títulos que hay en la blogosfera. Las hay Misses (como yo), Ladies, Señoritas, Señoras, Princesas de Mermelada y princesas de Nocilla... Algunos títulos nos lo ponemos nosotros, otros nos los ponen y, de alguna forma, todos nos definen, nos hacen diferentes.
Yo ayer adquirí un título más. Me levanté hija, hermana, novia, madre (de los Beatles), amiga y me acosté también siendo tía. Un poco antes de las dos de la mañana llegó la niña que tanto hemos esperado (una semana antes de los previsto) y nos cambió a todos la vida. Y los títulos. Mi hermano se convirtió en padre; mi padre en abuelo; mi abuela en bisabuela y Mister y yo en tíos.
Cada uno tendremos un papel diferente en su existencia. Algunos la educarán otros la malcriarán y otros le comprarán ropa (la foto de la cabecera es todo lo que le he comprado esta mañana mientras escribía estas letras en Venté-Priveé) y todos, absolutamante todos, la querremos porque es un trocito de nosotros.
No os podéis imaginar como me emocioné al verla tan sonrosada, tan bonita, tan bebé. Me emocioné al ver a mi hermano tan papá, tan orgulloso. Y a mi madre tan abuela, tan nerviosa. Y a mí tan feliz, tan tía. Me encanta mi nuevo título y espero saber llevarlo.
Un beso y buen martes, el mejor de todos
A mí la primavera se me olvida cada año. Siempre me pasa lo mismo: durante los meses grises y tristes no pienso en que los días se harán más largos y no tendré que ir con mil capas de abrigo ni me goteará la nariz. Y entonces pasa, llegan esos días y me sorprendo a mí misma pensando: ya me acuerdo, la felicidad era esto.
Ayer me acordé al fin de la primavera y me vestí con todos los colores que encontré en mi armario. Estrené las medias rosas que llevaba guardando todo el invierno y me puse mis zapatos verdes que parecen hechos de cesped.
Al medio día me escapé un rato a la playa y allí, con mi libro, mi música y el olor a crema, entendí de nuevo que la felicidad era esto. Me encanta saber que, cuando vuelva a olvidarme el año que viene, llegará un día como ayer y la primavera volverá a sorprenderme de nuevo.
¡Besos y que paseis un buen fin de semana!
Estas bolsas que parecen de transfusión de sangre son en realidad platypreserve un invento utlísimo. Seguro que alguna vez te ha pasado: abres una botella de vino, tomas un par de copas y tiras la botella casi entera porque se estropea. Por mucho que le pongas el tapón, por mucho que lo guardes en la nevera, en cuanto al vino se mezcla con el oxígeno pierde sus propiedades.
Esta bolsa no sólo minimiza la entrada de oxígeno sino que lo elimina del todo. Así que la próxima vez que descorches una botella no tienes que preocuparte, bebes únicamente lo que te apetezca y, lo que sobre, lo guardas en estas bolsitas el tiempo que quieras.
Se acabó lo de amenazar a los amigos: abro otra botella pero os la bebéis, que luego se me queda empezada.
Un beso y buen jueves.
No me gustan nada las invitaciones de boda con fotografías porque alguna he visto (y recibido) para chillar: los novios en blanco y negro con una postura imposible, mirándose con cara de lelos y las manos entrelazadas mientras que, de pie de foto, ponen el número de cuenta.
Pero ésta me ha parecido toda una declaración de intenciones. Los contrayentes eran Dom, director de la agencia Mash y Helena. Querían invitar a la gente no sólo a que les acompañaran el día de su boda, sino toda la vida, viéndolos envejecer juntos.
Para ello, utilizaron una foto actual de ellos...
Y la fueron envejeciendo...
Una arrugita por aquí, una canita por allá...
Un poco de descolgamiento fácial, algo de alopecia...
Y este es el resultado: una invitación valiente y divertida.
Además, les sirve a los invitados para ponerlos delante de la tele y suspirar de vez en cuándo: ¡Cómo se estropean los cuerpos!
Seguro que no fue lo único original de esa boda.
Un beso y buen martes.
El día que nací yo es una peli de Isabel Pantoja pero tranquilos que no va por ahí la cosa. El día que nací yo, eran noticia las "17.000 personas de todas las condiciones sociales y edades" que visitaban cada domingo la tumba de Franco en el Valle de los Caidos y las obras del estadio olímpico de Montreal donde ese verano se celebrarían las olimpiadas.
El día que nací yo un frigorífico costaba 6.900 ptas, una cocina "lujo" con horno grill y portabombonas 5.995 ptas y un "lavaplatos" de primera marca, 19.419 ptas.
El día que nací yo se hablaba del "considerable dilema" de Paul Sparge, un ingles de 27 años aficionado al motociclismo que dudaba entre dedicar el medio millón de pesetas que tenía ahorrado a comprarse una moto de 750 cc. o utilizar el dinero a casarse con su prometida Bárbara y pagar la primera letra para un piso.
Escogió a la chica que se mostró "muy agradecida y halagada por el duro sacrificio" y eso le valió para salir en los periódicos con foto y todo.

El día que nací yo en la Discoteca Papillón actuaban, a las doce de la noche, Manolo Peña y Marga Nervo en "¿Qué pasa en la alcoba?" "un desmadre con droga y mariquita incluido".
En el desaparecido cine Zayla echaban "la película más cómica del siglo": el blanco, el amarillo y el negro, una comedia italiana con un bizarro argumento: unos supuestos indios roban un pony mandado por el embajador de Japón por el que piden un rescate de un millón de dólares antes de cuatro días, sino lo reciben, el pony morirá.
Anunciaban el estreno de "la naranja mecánica" como un "memorable aconticimiento". En el cine Echegaray echaban "Primera plana" de Billy Wilder (escrito como Billy Walder); en el Palacio del Cine ponían, por cuarta semana, el "descomunal éxito" Tiburón, en Cayri "la película más discutida de nuestra época: Jesuscristo Superstar" en technicolor y en Royal Paris "una nueva gran película de Manolo Escobar: Eva, ¿qué hace un hombre en tu cama?" con Mari Francis.
En Televisión Española los niños aprendieron ese día en "¡Abrete, Sesamo!" el concepto de relación grande-pequeño, arriba-abajo, la letra H y el número 11. A las 19.30 Estudiantes-Londres se la jugaban en un partido de recopa y, en la serie "Los Ríos" esa noche tocó hablar de El Pisuerga.
Todo esto lo se porque una vez, Mister y yo hablamos de lo genial que sería viajar en el tiempo, y volver al día en que nacimos para ver que echaban en la tele. Meses después, para mi cumpleaños (el primero que pasamos juntos), Mister fue hasta el periódico de Málaga: El Sur y fotocopió página por página el ejemplar del día en que nací (el 7 de enero del 76).
Hace poco lo encontré ordendando la estantería y me di cuenta de que nunca se lo había agradecido lo suficiente. Ahora pienso que el día que realmente nací yo, fue cuando le encontré a él.
¡Un beso y buena semana!
Sound Track: Nadia (Francisco Nixon)
Sigo con el mismo tema de ayer, la vagueza. Erin Hanson es fotógrafo y, según reconoce en su web, un perezoso en proceso de rehabilitación.
Según Erin, el primer paso para curarse de esa vagueza congénita es reconocer que tiene un problema. Y él lo tiene.
Como parte de la terapia, ha decidido dejarse notas por toda la casa y fotografiar aquellas cosas que le cuesta recordar o le da pereza hacer. Ya sea levantarse de la cama o llamar a los colegas de vez en cuando...
Mirar la caducidad de los alimentos...
Comer más fibra...
Sentir la música...
Ser puntual...
Leer un libro...
Separar los colores en la colada...
Lavar los platos...
Y algo que seguro que no nos va a dar pereza a ninguno este fin de semana soleado: salir de casa.
Sus fotos son tan cotidianas y sinceras como sus pequeñas metas (por cierto, hablando de metas y promesas por cumplir, ayer vi en club azul algo que me encantó: es una página que te ayuda a cumplir tus promesas. Escribes aquello que quieres cumplir, la fecha límite para hacerlo y, en caso de no conseguirlo, cuanto dinero quieres donar a una ONG que escoges tú mismo. Así, si no consigues adelgazar o ir al gimnasio, por lo menos estarás ayudando a asfaltar una calle o dándole un hogar a un cachorro abandonado).
Un beso y buen fin de semana.
Sound Track: Todo (pereza)
El otro día leí una frase que me encantó: menos facebook y más plazas. Plazas en las que sentarse, charlar al fresco, abrazarse y darse dos besos o darse tres o cuatro, los que hagan falta. Y es que Internet es importante pero no lo es todo. Al menos yo no quiero que se me olvide llamar por teléfono para preguntar que tal el día; no quiero quedarme en casa mandando abrazos virtuales en vez de abrazar a mis amigos de verdad, no quiero hacerme fan de nada ni nadie en los que no crea en realidad. Porque da vueltas sobre este tema y porque es una de las cosas más bellas que he visto en mucho tiempo, me ha encantado la forma con la que onlab ha ilustrado un artículo sobre las posibilidadades de la web 3.0 en la revisa domus.
Lo ha hecho explotando una posibilidad que la web nunca podrá darnos, el tacto. Al ir doblando las páginas el lector va vescubriendo sendas ilustraciones, una de una chica (si las dobla de una forma) y otra de un chico (si las dobla de otra).
Sin duda una maravillosa forma de recordarnos la importancia de tocar, de sentir en nuestros dedos el calor que nunca podrán darnos las teclas.


Pero igual que pienso que a veces no es suficiente otras pienso que es demasiado. Gracias a él me he reencontrado con amigos que tenía perdidos por el mundo y, también gracias a él, me siento muy cerca de personas a las que he visto nunca ni se como suenan sus voces.
Ayer Internet volvió a arrancarme una sonrisa cuando después de un día larguísimo me estaba esperando en el correo una ilustración de mi amigo ARS. Sin pedírselo, de la misma forma que hizo la anterior (hace ya muchos años, tantos como los que conocemos), me animó a abrir el blog, hizo la plantilla y decidió que fuera una cool hunter de andar por casa y no otra cosa.
Una vez le dije que, si él fuera un par de zapatos, sería mis all stars porque son con los que me siento más cómoda, los que me llevo a todas partes y estoy segura que nunca me haran daño.
Gracias por este dibujo All Stars.
Un beso y buen martes.