lunes, 27 de septiembre de 2010

Lipsi y Leros

Nos despedimos de nuestros nuevos amigos italianos regalándoles el libro que nos llevó a las Islas Griegas y abandonamos la Isla Pirata con mucha pena. De alguna forma, los dos sentimos que dejábamos un trocito nuestro en la Isla y que, a cambio, nos llevábamos un pedacito de Marathi dentro.

Pero la Isla Pirata todavía nos tenía reservada varias sorpresas. Una puesta de sol maravillosa que vimos desde la cubierta del barco que nos llevaba al siguiente destino y... ¡Delfines!


Una pareja de delfines se nos cruzó saltando alegremente y demostrando que cualquier cosa es posible en las Islas Griegas. Yo estaba como loca porque no imaginaba que podían verse delfines tan cerca de la orilla. Fue genial.

En la siguiente isla, Lipsi, no duramos ni 24 horas. No es que no fuera bonita, que lo era. Pero es que, después del silencio absoluto de la Isla Pirata, no podíamos soportar el ruido de las motos que zumbaban por toda la Isla. Llegamos tarde y sólo pudimos encontrar una habitación ruidosa que no invitaba a quedarse más que una noche.

En defensa de Lipsi diré que tenía unas aguas azul turquesa increíbles y se merece que algún día le demos una segunda oportunidad (eso sí, reservando con antelación en un lugar sin ruidos).



Y después de Lipsi vino Leros, nuestro último destino. Nada más bajarnos del ferry, negociamos un estudio con vistas al mar y un bonito jardín lleno de árboles.

Los siguientes días hizo algo de viento así que los marineros aprovechaban para coser sus redes y nosotros para dar paseos en bici, leer en la terraza y aumentar nuestra colección de atardeceres.

Una mañana, mientras nos bañábamos en la playa, escuchamos una voz conocida que nos llamaba. ¡Muchachos! increíblemente nuestros amigos italianos habían ido a parar a la misma Isla y pasamos el último día con ellos, comprendiendo que las Islas eran caprichosas y que siempre conseguían lo que se proponían.

Y así fue como, después de casi dos semanas mirando al cielo desde las distintos pedazos de tierra, la luna se volvió llena para nuestra última noche en las Islas.

Y ya sabéis como termina la historia: Atenas, Berlin, la vuelta al blog y la sensación de que, como canta Tulsa, algo ha cambiado para siempre en nosotros.

Un beso y buen principio de semana.

10 comentarios:

M. Lorena dijo...

Habéis tenido un viaje precioso.
Lo que hace a algunos viajes únicos y geniales es que volvemos siendo otra persona. Me alegra que te pasara esto.
Un saludo, Lorena

La Ballena Elena dijo...

Las islas griegas nunca imaginaron mejor promoción
Preciosa el agua de la playa y que bien lo de los delfines!!!

Esti dijo...

No es bueno el viaje si no te cambia un pedacito por dentro.

Raptor Plateado dijo...

wow se ve que han tenido un viaje presumible... me parece perfecto como remate el que nos cuenten eso.. muy bello post Miss

grossomodo dijo...

hola guapa! me encanto veros el otro día,
a ver cuando repetimos pero en Málaga : )
creo que ya he convencido al manager para que vayamos a Grecia...

Torpedita dijo...

Siempre tuve ganas de ir pero ahora se ha convertido en NEcesidad!

elena relucio dijo...

qué envidia (sana) de vacaciones!

un abrazo
(no has recibido una cosita mía? :)

BLANCA ORAA MOYUA dijo...

Supongo que habrá sido el viaje de tu vida.

La Muka dijo...

YO QUEROOOOOOOOOOOO, algún día llegará que yo tembién esté allí!!!!

Ah! dijo...

Mira....me estáis dando una envidia que pa qué grñññ.
Qué suerte tuvieron esos italianos de cruzarse con vosotros :)