
Ayer pasé un día un poco plof. Me dolía la garganta, no estuve nada inspirada en el trabajo, fui a ver un piso que era un auténtico horror (¿por qué dicen exterior cuando quieren decir agujero?). El de Mister no fue mucho mejor, llegó más tarde de lo habitual y muy cansado.
Estuvimos a punto de no ir al concierto de Astrud del que teníamos entradas desde hacía siglos (tanto que lo habíamos olvidado completamente, nos lo tuvo que recordar un amigo por la mañana) pero al final nos animamos y fue un acierto.
Nos reímos un montón -a ratos a carcajadas-, cantamos, aplaudimos y salimos liberados de la negatividad que se había apoderado de nosotros todo el día.
Y es que hay que reírse, es lo más sano del mundo. Yo tengo la teoría de que ahora la gente se ríe menos porque los chistes no están de moda. Cuando éramos pequeños, en todas las reuniones se contaban chistes y si te encontrabas a alguien por la calle te decía: sabes el del tío de Lepe qué... Ahora la gente cuenta enfermedades y si tropiezan por la calle se dicen: sabes el tío del cuarto que se ha muerto de...
Así que hay que reírse, de canciones absurdas, de chistes o de la misma vida, que nos brinda muchas ocasiones aunque la mayoría de las veces las dejamos pasar.
A la francesa Sandrine Estrade no se le escapa ni una. De pequeña pasó muchas horas tendida en el césped buscando formas en las nubes. De mayor, se dedica a fotografiar escenas cotidianas e ilustrarlas luego con un toque de humor.
Dice que, si la gente viera lo que ella ve, sería mucho más feliz. Y yo estoy de acuerdo, porque donde otros ven una tabla de planchar abandonada ella ve una mariposa o, por ejemplo, ante una barandilla ella ve un ejército...

O una animadora en la acera...

O una áxila que necesita ser depilada...

O "abrazos gratis"...

"white Vador"...

Un fumador empedernido...

Un arresto...

O mis favoritos: Eva...

Y Adan...

Así que, nada de negatividad, hoy toca reirse de todo. Yo al menos lo voy a intentar.
Un beso y buen miércoles.