martes, 28 de septiembre de 2010

LOS SUEÑOS DE MILA



Cuando nos hacemos grandes, nosotros soñamos con no haber defraudado a nuestros padres y, mientras tanto, empezamos a soñar que nuestros hijos van a la Universidad y son abogados o tenistas o concertistas de piano.

Así, además de una carga genética heredada de nuestros padres todos tenemos una carga de sueños.

Adele es una mamá de Helsinki que cada tarde, mientras su hija Mila duerme la siesta, imagina los sueños está teniendo en ese momento y los escenifica. Así es como Mila, con sólo unos meses, se codea ya con princesas, sapos y cerdos voladores en sus sueños.

Espero que alguna vez, se cumplan los sueños de madre e hija.

Un beso y buen jueves

via: Señorita Puri (que como está embarazada, está más sensible de lo normal y ha sido capaz de escribir un post sobre un bebé sueña con tener una peluquería canina sin soltar ningún comentario irónico)

lunes, 27 de septiembre de 2010

Lipsi y Leros

Nos despedimos de nuestros nuevos amigos italianos regalándoles el libro que nos llevó a las Islas Griegas y abandonamos la Isla Pirata con mucha pena. De alguna forma, los dos sentimos que dejábamos un trocito nuestro en la Isla y que, a cambio, nos llevábamos un pedacito de Marathi dentro.

Pero la Isla Pirata todavía nos tenía reservada varias sorpresas. Una puesta de sol maravillosa que vimos desde la cubierta del barco que nos llevaba al siguiente destino y... ¡Delfines!


Una pareja de delfines se nos cruzó saltando alegremente y demostrando que cualquier cosa es posible en las Islas Griegas. Yo estaba como loca porque no imaginaba que podían verse delfines tan cerca de la orilla. Fue genial.

En la siguiente isla, Lipsi, no duramos ni 24 horas. No es que no fuera bonita, que lo era. Pero es que, después del silencio absoluto de la Isla Pirata, no podíamos soportar el ruido de las motos que zumbaban por toda la Isla. Llegamos tarde y sólo pudimos encontrar una habitación ruidosa que no invitaba a quedarse más que una noche.

En defensa de Lipsi diré que tenía unas aguas azul turquesa increíbles y se merece que algún día le demos una segunda oportunidad (eso sí, reservando con antelación en un lugar sin ruidos).



Y después de Lipsi vino Leros, nuestro último destino. Nada más bajarnos del ferry, negociamos un estudio con vistas al mar y un bonito jardín lleno de árboles.

Los siguientes días hizo algo de viento así que los marineros aprovechaban para coser sus redes y nosotros para dar paseos en bici, leer en la terraza y aumentar nuestra colección de atardeceres.

Una mañana, mientras nos bañábamos en la playa, escuchamos una voz conocida que nos llamaba. ¡Muchachos! increíblemente nuestros amigos italianos habían ido a parar a la misma Isla y pasamos el último día con ellos, comprendiendo que las Islas eran caprichosas y que siempre conseguían lo que se proponían.

Y así fue como, después de casi dos semanas mirando al cielo desde las distintos pedazos de tierra, la luna se volvió llena para nuestra última noche en las Islas.

Y ya sabéis como termina la historia: Atenas, Berlin, la vuelta al blog y la sensación de que, como canta Tulsa, algo ha cambiado para siempre en nosotros.

Un beso y buen principio de semana.

martes, 21 de septiembre de 2010

La Isla Pirata


Una amiga que había estado en las Islas unos meses antes nos comentó que no hacía falta reservar alojamiento con antelación, que los dueños de estudios y hoteles se agolpaban en los puertos con carteles y tú sólo tenías que escoger el que más te gustaba.

Pero cuando llegamos a Arki, una pequeña isla de 50 habitantes, la escena era muy distinta: no había ni un alma.

Le preguntamos a un chico que nos cruzamos por la calle por un lugar para dormir y nos dijo que era totalmente imposible porque al día siguiente se iba a celebrar una boda -la suya- y las pocas habitaciones que se alquilaban en el pueblo estaban ocupadas con sus invitados.

Mientras decidíamos que rumbo tomar nos pusimos a charlar con una pareja de italianos que había venido en el mismo ferry que nosotros, Giorgio y Valeria. Ellos se dirigían a Marathi, un islote cercano en el que sólo viven dos familias y del que se habían enamorado el día anterior durante una excursión en barco.

Así fue como acabamos Mister y yo en una barca de apenas un par de metros con los italianos, el señor que la conducía, el equipaje de los cuatro...

Y un perro, que también se llamaba Giorgio...

Y tras unos minutos navegando por las aguas más bonitas que he visto en mi vida...

Llegamos a una isla en la que ondea la bandera pirata y en la que viven más cabras que personas: Marathi.

La isla se recorre con la mirada, tan sólo una playa de arena blanca con una taberna en cada extremo. Tengo comprobado que, cuando en Grecia hay varias tabernas en una misma playa, una de ellas parece frecuentada por los jugadores del Real Madrid: música chill out, sombrillas blancas, mesas de madera...y la otra por los jugadores del Betis (con familias que se sientan juntas a comer aunque no se conozcan, risas y grandes platos de sandías para compartir). También tengo comprobado que nosotros somos más del Betis que del Madrid y siempre escogemos la segunda opción.

No sé como serían las habitaciones merengues pero las nuestras estaban a escasos 10 pasos del mar (se veía y se escuchaba desde la cama), en una casa cubierta de enredaderas dentro de un patio lleno de árboles.

El dueño de la taberna era un auténtico pirata, no sólo por la bandera y porque siempre vestía una camiseta con "dos tibias y una calavera" sino porque vendía los botellines de agua a precio de botella de ron.

Mister y yo teníamos la teoría de que los que trabajaban para él, en realidad, estaban pagando una deuda de juego. Pirata o no, tenía una taberna junto al mar preciosa en la que comíamos cada noche pescado fresco, pulpo (que secaban allí mismo) o cabra salvaje (buenísima).

Los siguientes días se pasaron como un suspiro: Mister y yo nos turnábamos las gafas de bucear para ver peces de todos los colores (yo, que normalmente me baño como una bolsita de té, entrar y salir, en Marathi no salía del agua), charlábamos con los italianos (que resultó ser una pareja de músicos con una conversación tan afinada como los instrumentos de los que eran profesores en el conservatorio), leíamos, paseábamos por la orilla y, al caer la tarde, cambiábamos las chanclas por las zapatillas para explorar la isla pirata.

Había un antiguo pueblo abandonado desde la II Guerra Mundial (en el que aparecer vivían una docena de personas) del que aún quedaba en pie una bonita iglesia...

La banda sonora de Marathi eran los cencerros de las cabras que pastaban sólas por todas partes...

Durante el día llegaban barcos que, al caer la tarde, volvían a sus puertos...

Y nos dejaban nuestra isla para nosotros sólos...

Durante todo el tiempo que estuvimos en Marathi, yo me acordaba de "la canción del pirata cojo" de Sabina en la que habla de todos los hombres que le hubiera gustado ser (taxista en Nueva York, suicida en el Viaducto, gitanito en Jerez) y pensaba que seguramente Sabina nunca había estado en nuestra Isla porque, si no, también hubiera escogido ser "pececito en Marathi". Yo desde luego, si hay otra vida, quisiera vivirla así.

Un beso y buen miércoles

PD. Menuda chapa estoy dando con el viaje, ya queda poco, dos islas y volveré a tierra firme, lo prometo.

Azul Patmos

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La vida pasa perezosa en Patmos. No hay mucho que hacer aparte de bañarte en sus aguas de color turquesa, tumbarte a la sombra de uno de los árboles de sus playas y comer en alguna de sus muchísimas tabernas.

Y eso hicimos los tres primeros tres días, a nuestro ritmo, cerrando los ojos cuando teníamos sueño y comiendo cuando teníamos hambre, sin importarnos la hora que marcara el reloj.

A ratitos también paseábamos. Patmos tiene una arquitectura muy particular que no vimos en otras islas: casitas cuadradas -como piezas de tente- que miran al mar desde todos los rincones de la isla.

Con ventanas y puertas de un color menos intenso que en otras islas, casi entre celeste y gris, al que bautizamos como azul Patmos.

Con pequeñas embarcaciones de colores brillantes...

Con rincones tranquilos en los que hasta los gatos parecían contagiarse del ritmo de la isla.

Con iglesias inmaculadas de cúpulas redondas.



Pero de todas las imágenes me quedo con ésta: la vista desde nuestro estudio en la Bahía de Grikos.


Y su terraza (la que se ve en la parte de abajo pintada de color azul Patmos) desde donde mirábamos cada noche las estrellas.

El libro de Terenci Moix nunca llegamos a leerlo, se lo regalamos a una pareja de italianos que conocimos en la siguiente isla. Pero eso lo cuento mañana.

Un beso y buen martes

lunes, 20 de septiembre de 2010

Puesta de sol en Atenas

Una semana antes de empezar las vacaciones lo decidimos: Islas Griegas. No queríamos estar todo el día rodeados de turistas así que descartamos las islas conocidas. Compramos una guía y fuimos señalando con una estrellita aquellas que nos parecían más apetecibles. Así fue como acabamos en las Islas del Dodecaneso (las que están más cercanas a Turquía). Pero antes, parada obligada en Atenas.

Tan sólo un día y medio para conocer la ciudad. A pesar de los turistas y el calor nos encantó recorrer un pedacito de historia.







De todo nos quedamos con el apartamento que alquilamos a la ida y a la vuelta...
Con una terraza con impresionantes vistas a los tejados de Atenas...


Y desde el que vimos una de las mejores puestas de sol que recordamos. Fue precioso ver el sol escondiéndose detrás de El Partenon mientras cenábamos en la terraza.

Un beso y buena semana

viernes, 17 de septiembre de 2010

Domingo en Berlin


Una de las cosas que me gusta de Berlin es que tiene domingos. Pero no de esos domingos melancólicos que no son más que un trámite entre el sábado y el lunes. Domingos de verdad. A la altura de un buen sábado por la manaña o el mejor de los viernes por la noche.

El último domingo que estuvimos en Berlin volvimos a comprobarlo. Empezamos el día rebuscando entre cajas de vinilos viejos, muñecas sin brazos y timbres de bicicletas en uno de nuestros mercadillos favoritos del mundo, el Mauerpark. Me gusta tanto que a veces sueño que estoy en él y es una sensación tan bonita como cuando sueñas que vuelas.

Después, repetimos un clásico (eso es lo bueno de visitar ciudades que ya conoces, que puedes volver a los sitios que más te gustan), un súper bruch en Schall und Rauch. De todos los brunchs que hemos probado, éste es el más espectacular: dulce, salado y hasta una gofrera para que te hagas los gofres tú mismo.

Con las energías repuestas volvimos al Mauerpark y...¡sorpresa! nos encontramos con un karaoke al aire libre. El ambiente era genial, todo el mundo con sus cervecitas, cantando, bailiando... Nos pareció un plan increible.





Hice un vídeo muy cutre con el móvil pero al menos se puede ver el ambiente.

video


Y después, cine, sushi y fotos en un fotomatón y vuelta a casa adorando los domingos de Berlin.

¡Un beso y buen viernes!

PD. No se por qué he empezado a contar las vacaciones al revés, Berlin fue el último de los destinos, a partir del lunes...¡Los Rosenthal por las Islas Griegas!