miércoles, 29 de diciembre de 2010

Haciendo balance del 2010


El 2010 ha sido un año complicado. Quizás si en algún momento alguien me hubiera ofrecido saltar directamente al 2011 lo hubiera hecho. A principios de año perdí a mi tía, mi ángel de la guarda. A mediados nos dijeron que mi padre estaba malito y hace tan sólo unos días, mi abuela se fue dejándonos a todos un poco más tristes y más solos.

Pero también ha habido momentos buenos. En lo profesional, Xavi y yo estamos cada día más agustito juntos y con La Madre de los Beatles. Hemos hecho trabajos muy divertidos y de los que nos sentimos muy orgullosos.

En lo personal, Mister y yo nos fuimos a las islas griegas en un viaje precioso. A veces por la noche, cuando no puedo dormir, me imagino haciendo yoga frente a un mar de color turquesa. O me veo andando con mis chanclas de goma por un camino de piedras que nos lleva hasta una calita desierta. Y allí nos bañamos por turnos para aprovechar las únicas gafas de bucear que tenemos y nos contamos lo que hemos visto debajo del agua con la emoción de un niño pequeño. Un pez de color plata con rayas amarillas y lunaritos negros. ¡Si! yo también lo he visto. Y nuestra vida parece una canción de Facto Delafé.

Creo que ha sido de los viajes más bonitos que hemos hecho. Tanto es así que, cuando volvimos de las Islas, sentíamos que dejábamos una parte de nosotros nadando entre aquellas aguas y, a cambio, nos llevábamos un pedacito de las Islas dentro de nosotros para nosotros.

Y no nos equivocamos, nos trajimos un pececito que nada desde hace cuatro meses en mi panza. Todavía nos faltan muchos meses por verle la cara a ese pececito pero ya sabemos que será una niña y se llamará Lola.

Así que no, si ahora me ofrecieran borrar el 2010 de mi vida no lo haría por nada del mundo. Porque a pesar de todo lo malo, tener a Lola en mi barriga es lo mejor que me ha pasado en mi vida. Y es que aunque sólo queden un par de días para que termine el año, ahora sé que lo mejor del 2010 es lo que está por venir.

El 2011 parece un buen año para nacer, ¿verdad?

Un beso y feliz entrada de año.

PD. Os dejo con la felicitación que hemos hecho en La Madre de los Beatles. Después de verla hemos decidido que nuestro primer propósito del año nuevo será ponernos en forma porque somos un cuadro. ¡No os perdáis el maikinof!

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Mini navidad

Como nuestro apartamento es diminuto, nuestro espíritu navideño necesariamente también lo es. Este año, como árbol hemos utilizado un florero con ramitas que teníamos por casa. Le hemos hecho unas bolitas de lana y ¡hala! ya tenemos árbol.

El Belén lo tenemos hace años y me encanta, a pesar de que es un poco racista y los tres reyes son blancos. No me preguntéis por qué.

Y como no, también hemos puesto nuestro caganer que compró Mister cuando vivía en Barcelona.


Y aprovecho que el otro día saqué la cámara para enseñaros nuestra última adquisición en un mercadillo. Una cesta de picnic preciosa. Hace siglos que quería una (de hecho, tengo la teoría de que las únicas personas que no quieren una cesta de picnic son las que ya tienen una) y la conseguimos por sólo dos euros.

Como venía vacía, mientras la equipamos de platos y vasos, la utilizamos para guardar los vinilos.


Muchísimas gracias por los comentarios del último post. Me han emocionado mucho. Yo soy de las que pienso (erróneamente) que las únicas personas que me leen son los que comentan habitualmente y está claro que no. Ha sido muy bonito descubrir que hay tantas personas ahí detrás que me escuchan y a las que les importo. Gracias, de verdad. Me han dado mucho ánimo.

Un beso y buen jueves

PD. Menos mal que hice la foto del Belén hace un par de días porque ayer cuando llegué a casa me di cuenta que el pastorcillo había corrido la misma mala suerte que el pobre perro Rosenthal.

lunes, 13 de diciembre de 2010

La medida del arte


Si en condiciones normales se te ocurre pintar las inmaculadas paredes de un museo con un rotulador corres el riesgo de que te corten las manos (al menos en algún país árabe, seguro que es así).

Pero estos días en el museo Stedelijk de Amsterdam puedes hacerlo con total libertad. Al menos en la sala en la que el artista eslovaco Roman ondák realiza estos días esta intervención inspirada en la costumbre de los padres de medir a sus hijos y apuntar los logros de crecimiento de los pequeños en la pared.

Los visitantes apuntan su nombre, su medida y la fecha. Así, uno detrás de otro, de forma que el 9 de enero (cuando se clausure la exposición) lo que empezó siendo algunos nombres desperdigados en la pared será una gruesa línea ilegible formada por todos los nombres y medidas de los visitantes.

Esta intervención forma parte de la muestra "Taking Place" que se está llevando a cabo en el museo mientras renuevan la planta baja del edificio. En vez de tener estas salas cerradas, se las han cedido a artistas para que las intervengan y ocupen de forma temporal. Una idea brillante.






Siento actualizar tan poco últimamente pero es que mi padre está regular de salud y tengo menos tiempo y menos ganas.

Un beso y buen lunes.